Era un día
como cualquier otro para Margarita, la esbelta mujer de ojos rojos, cabello
negro y postes en vez de piernas. No era para nada rara, de hecho,
era bastante bella y la perseguían las mentes de todos aquellos que tuvieran la
absurda casualidad de encontrarse con ella. Esta criatura fantástica, y sin
embargo completamente normal y ordinaria, tenía la capacidad de ver frecuencias
que los humanos comunes y corrientes no podían. Aunque era mujer y por
naturaleza tenia mas bastoncillos en sus pupilas, la cantidad exorbitante de
colores que podía ver superaba a cualquier animal por lo menos unas cien veces.
Ella, sin embargo aprendió muy niña que esta cualidad no era para nada
especial, sino mas bien era algo incomoda y decidió darle a los colores que se
parecían una denominación específica y monótona. Esto facilitaba su interacción
social con otras personas y por lo tanto cuando veía un azul, aunque fuera 2000
diferentes tonos de azul simplemente le llamaba “azul”, colaborando con el
mediocre sistema de vida diseñado y reproducido por todos.
No era un
fenómeno, no tenia deficiencia, tampoco tenía postes en vez de piernas (es
ficción mas no fantasía) sino que mas bien sus piernas eran tan largas que
desde pequeña había participado en el equipo de basketball de la escuela. A
los 16 años lo único que deseaba era vivir una vida con facilidades, encontrar
un esposo y quizás estudiar veterinaria, ya que se entendía muy bien con otras
especies que como ella, tenían diferentes capacidades visuales.
El
tiempo pasó. Y la vida no es lo que se planea ni lo que se desea, en realidad,
la vida es una negociación entre lo que puedes ser y lo que quieres ser, y
margarita, ahora de 40 años, desempleada, soltera y con un cáncer terminal
observaba los cambios de tonos en su piel que aumentaban cada hora, diariamente
se lamentaba acerca de su existencia. Su soledad le había obligado a
desarrollar conciencias con personalidad propia que le permitían mantener una
conversación consigo misma. Si no fuera por ellas, ella tal vez ya habría
saltado de su balcón.
Era un viernes cuando el médico la vio por última vez:
- Señorita, en realidad veo que el proceso biológico de expansión de su tumor
está sanando bastante rápido, nunca había visto algo así.
Ella sonrió y aunque tenía muchas cosas por decir decidió solo, y por primera
vez decir lo que la construía, sus fundamentos, sus particularidades, decidió
ser ella por fin
- Gracias Doctor, yo en cambio desde siempre he podido ver más que todos, he
visto las auras de hombres amargos y nobles, y he entendido los 25000 tonos de
blanco de la luna llena. Y hace poco, por fin entendí que podía ver los cambios
en mi piel, y que tocando aquellos lugares que parecían más opacos, un tipo de
luz diferente emanaba de mis entrañas, y comprendí que cualquier ciego veía más
que yo, porque ver no es cuestión de tonos.
- Margarita, tus ojos son en realidad algo muy especial, siempre he querido
preguntarte por ellos pero la verdad prefiero ser prudente. En realidad me pone
a pensar que tal vez dios exista.
- No soy especial, soy un pedazo de piel y sangre igual que usted,
simplemente abrí mis ojos. Simplemente cree mi propia fe, simplemente soy Dios.
Y bajando las escaleras, aquel mismo día en el hospital perdió el equilibrio y
cayó. Dios está muerto.
No comments:
Post a Comment