Cuando Hong
por fin logró abrir los ojos se le hizo un poco raro que el sol estuviera ya
asomado por su ventana. Miró su blackberry y se dio cuenta que eran las 11 y
media. “Voy tarde” fue lo primero que pensó. Luego revisó el reloj de su
humilde cocina, y efectivamente en vez de haberse despertado a las 4 de la
mañana como todos los días para ir a cumplir con su tortura rutinaria, se había
quedado dormido. Corrió lo que más pudo, se medio lavó la cara y después de
echarse mucha Perry Ellis en el cuello y las muñecas salió corriendo conectado
a su imitación ipod que había comprado hace unos días en una tiendita de
contrabando cerca a Suzhou River. Xuan
hua lu era un lugar con muchísimos edificios residenciales, podía decirse que
era un barrio concurrido y con mucho tráfico, sin embargo por alguna razón
aquel día Hong se dio cuenta que no había mucha gente ni carros en las calles.
El mercado de dragonfruits, que generalmente abría en la esquina de su
apartamento, estaba cerrado y ni siquiera estaba la anciana que vendía los
baozi de yuan que milagrosamente no sabían para nada mal.
Aunque era
un viernes 13 Hong no era supersticioso y sabia que las probabilidades de que
un viernes 13 ocurriese eran las más altas en comparación con cualquier otro
día o numero. Estaba seguro que no haber escuchado su celular se debía a su
alta actividad intelectual que solo se activaba después de las 12 de la noche y
solo le permitía dormir unas pocas horas. Tomo la línea de metro 4 en Zhongshan
Park, que a pesar de tener un trayecto circular era la que lo llevaba más
rápido a su trabajo. La estación estaba a unos 15 minutos de su casa y todo el
camino estuvo absolutamente consumido en si mismo pensando que su jefe lo
reprendería por su excesiva tardía. Tras 20 minutos de camino llegó a Pudong
Avenue, el lugar en el cual quedaba su empresa. Hong era contador, y
consideraba su trabajo el más desafortunado para cualquier ser humano.
Detestaba los números, en realidad estaba obsesionado con las últimas tendencias de moda en el mundo, se
vestía bien y nunca repetía ningún atuendo más de 2 veces al mes.
Su jefe no estaba en el trabajo, así que no hubo ningún regaño. Felizmente se
sentó en su incomoda silla de madera y paso todo el día buscando bobadas en
baidu y hablando con amigos por renren y qq. Afortunadamente no habían
bloqueado aquellas páginas en su oficina. Sin embargo sus amigos no le hablaron
mucho, algo bastante extraño ya que gracias a su blog de moda era relativamente
popular virtualmente. A las 6 repitió el mismo trayecto de manera inversa y
llegó a su casa luego de no poder encontrar vendedores en la calle para poder
comerse su cena habitual, chow mien. Cuando subía las escaleras para llegar a
su apartamento se encontró con Su, la vecina que siempre había querido
conquistar y aunque generalmente no hablaba con ella este particular viernes 13
decidió invitarla a comer huevos con tomate, un plato común en china que estaba
en completa concordancia con sus objetos en el refrigerador.
- Hola Su
Su lo miro con asombro y aunque mantuvo la mirada fija no respondió nada.
- Voy a cocinar algo y me gustaría que me acompañaras, sé que trabajas tarde y
la verdad me gustaría que pasáramos más tiempo juntos, tal vez podemos ver una
película o algo no se…igual es viernes así que no tenemos que madrugar mañana.
Su rompió en llanto. No era el llanto de una delicada mujer como ella sino que
era tan horrible y en una tonalidad tan disonante que Hong sintió fastidio y
ternura.
- ¿Qué te pasa Su? Pasa y te preparo un té por favor, no hay nada más triste
que ver a una mujer llorar.
Su siguió
llorando y corrió hacia su puerta. Hong completamente anonadado no entendía lo
que había ocurrido. Aunque no era muy bueno comunicándose con otros tenía algo
muy claro, cuando ves a alguien triste lo único que no puedes hacer es
preguntarle como está, obviamente está triste, pero este llanto no era de
tristeza, era de algo que Hong no podía contextualizar. Cocinó y comió a solas,
cuando iba por la mitad decidió golpear en la puerta de Su pero no hubo
respuesta, él no se dio por vencido y golpeo varias veces hasta que decidió ir
a ver al dueño del edificio a preguntarle si sabía que había pasado con
Su. Una vez más, la puerta del señor
Wang permaneció cerrada y Hong se sintió absolutamente solo por primera vez en mucho
tiempo. Él pasaba tiempo a solas y la verdad prefería evitar conversaciones a
menos que tuvieran una finalidad útil, pero esta vez no se sentía solo por la
falta de interacción con otros sino más bien por la falta de sonidos.
Llamó a sus
amigos pues estaba con ansias de hablar con alguien, un instinto que parece tan
fundamental para muchos pero que para Hong era algo que era necesario
simplemente de vez en cuando. Nadie respondió. De nuevo sintió el abrumador
sonido del silencio y decidió salir a la calle a tomarse unos tragos pero
cuando llego al bar habitual se dio cuenta que estaba cerrado. Recordó que
tenía una botella de baijio en su apartamento y decidió regresar para perderse
en un coma etílico. En medio de su borrachera una vez más decidió ir a golpear
en la puerta de Su. Golpeo por unos diez minutos y al final logro su cometido,
Su abrió la puerta.
- ¿Qué te pasa Su, no me ignores boba que yo se que eres linda pero hay muchas
otras también, ven y tomate algo conmigo mejor, no?
Su se tapo los oídos y Hong con una rabia que no había experimentado nunca le
corrió las manos y grito:
- Esta bien Su, me largo, tonta.
Su lo detuvo y le dijo lenta y torpemente
- ¿Es que no te has dado cuenta que el mundo ya no suena?
- ¿El mundo ya no suena? No seas boba yo oigo todo
- No te oigo Hong, no oigo nada, nadie oye nada, el sonido se ha fugado.
- No me hagas reír ¿Entonces solo yo oigo todo?
Ella guardó silencio de nuevo y lloró, esta vez en silencio. Hong le habló
lentamente y le pidió disculpas, pero nada parecía llegarle a sus oídos. Su decidió
sentarse en el corredor, y tras postrar su cara entre sus manos y rodillas siguió
llorando. Hong se preguntó si había cruzado palabras con alguien aquel día y la
verdad era que la única persona con la que había interactuado era Su. ¿Pero, si
el mundo en realidad estaba en silencio, cómo era posible que no se hubiera
dado cuenta? Es decir, sería algo muy obvio especialmente para una persona
inteligente como Hong. Era blogger, su tarea era saber lo último que estaba
pasando antes que fuera popular. Claro que todo el día había estado estresado
desde que se despertó tarde y había ignorado básicamente todo, y así mismo
todos lo habían ignorado.
Su volvió a fijar su Mirada en Hong, como esperando que dijera algo que nunca
vibraría en sus tímpanos.
- ¿En serio no me oyes Su?
- …
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